
Fueron noches de charla, de nuevos amigos y de intercambio cultural.
Es curioso cómo, en los viajes, las conversaciones empiezan de forma casual y terminan conectando mundos que parecían lejanos.
Fabio era el pintor del hotel. Cuando empezamos a hablar encontramos esos puntos en común que aparecen inesperadamente: la familia, el fútbol… y inevitablemente Maradooonaaaaa.
La conversación derivó en risas y anécdotas. En un momento Fabio tomó su teléfono, llamó a su familia en Sicilia y me presentó con orgullo como su nuevo amigo argentino. Fue uno de esos gestos simples que hacen memorable un viaje.
Testigo de la escena estaba mi amigo chino Theo, fanático absoluto del Negroni. Intenté convencerlo de migrar hacia el gin tonic, pero la misión fue un fracaso absoluto.
La noche siguiente nos volvimos a encontrar.
Como la noche anterior, Fabio estaba con su Paulaner de la cual era fan. Cómo no serlo! Una cerveza de trigo extraordinaria, la más vendida en Alemania, tan compleja como popular. Pero a pesar de que es mi cerveza favorita preferí darle lugar a los vinos .
Terminamos organizando una cata técnica improvisada de blancos italianos.
Cuatro vinos. Cuatro regiones. Cuatro estilos bien distintos.

Falanghina — Campania
El que más me gustó, y también el favorito de mi compañero chino.
Un vino con agradable mineralidad, fresco, con un final complejo y sorprendentemente sofisticado.
Arneis — Piemonte
Quizás el más inexplorado del trío.
Nicely complex, elegante y con una personalidad que aparece de manera inesperada.

Sauvignon Blanc — Alto Adige
Más previsible en su perfil aromático, pero igualmente bienvenido.
Expresivo, refrescante y fácil de disfrutar.
Todos los vinos se sirvieron entre 8 y 10 grados, temperatura ideal para apreciar su frescura y estructura.
No hubo comida acompañando la degustación. Veníamos de una cena de comida china, lo cual me dejó pensando en algo interesante.
Después de la exploración de blancos apareció también un tinto interesante.
Un Neprica de la bodega Tormaresca, provenientes de los llamados vinos oceánicos del Adriático, en la región de Puglia. Aquí la uva reina es la Primitivo, capaz de dar vinos robustos, tánicos y estructurados, con una expresión cálida muy característica del sur de Italia.

Para quien no la conozca, quizá el nombre resulte nuevo…
Pero si menciono Zinfandel, probablemente empiece a sonar más familiar.
No es casualidad: ambas variedades comparten la misma identidad genética.
Dos nombres distintos para una misma historia que viajó entre continentes.
Creo que muchas preparaciones de la cocina china funcionan muy bien con vinos blancos.
Paradójicamente, la mayoría de las etiquetas de calidad que he visto en China suelen ser tintos.
Una de esas contradicciones fascinantes que aparecen cuando el vino se cruza con la cultura.
